¡Muy buenas!:
Quiero dejar claro que esto no pretende ser ningún tratado de como debe ser un Bull Terrier (a partir de ahora BT). Hay muy buenos sitios en la Red donde te describen el carácter de estos perros, así que no me extenderé en las particularidades de esta raza, porque es mi primera experiencia con la misma y hacerlo seria, a la par que irresponsable, estúpido.
Ayer nos pusimos en camino a las diez de la mañana. A pesar del temporal que esta en estos momentos azotando la Península, llegamos sin mayores contratiempos a La Linea de la Concepción. Tras contactar con el dueño de Lola mediante Whatsapp, le seguimos hasta su casa, donde me encontré con la BT por primera vez.
Mi primera impresión fue la de un animalito muy simpático, muy tranquilo. A pesar de que Jordan (su dueño)
la había bañado, la perrita estaba muy tranquila y me recibió con afabilidad. Decir que Jordan y Noemi son una pareja encantadora es quedarse corto. Me atendieron con simpatia y no me extraña que la Lola sea tan buena chica con unos papas tan lindos.
Tras despedirme de sus antiguos dueños, llevamos a Loli al coche, donde entro en el maletero con total naturalidad. Extendimos una toalla en el suelo para evitar que Lola pudiera, al marearse, vomitar y mancharlo todo, lo cual no fue el caso, pues el viaje transcurrió con mucha tranquilidad. Me senté en el asiento trasero y la estuve tranquilizando, hablándole y acariciándola. Observé que Lola buscaba constantemente el contacto conmigo, si se echaba y se quedaba dormida, en el momento que notara que retiraba mi mano, se incorporaba y pedía mas.
Al entrar en su nuevo hogar y tras saludar como esta mandado (se nota esa educación británica)
le pusimos de comer unos huesos de jamón cocidos y agua. Tras dejarla beber, le retiramos el cacharro del agua, pues Noemi me advirtió que a Lola le gustaba jugar con el cubo tras beber y que lo dejaba todo empapado. Después de comer Lola se puso a inspeccionar el piso, con mucha curiosidad. Tras transcurrir un par de horas, le puse la trailla y la saque a dar un paseo. En la calle se mostró insegura, algo natural al no conocer sus nuevos dominios, pero también curiosa. No hizo sus necesidades en esta primera salida, pues la cantidad de nuevos estímulos era muy grande y esto la distraía mucho. Tras subirla a casa, Lola se puso a gemir un poquito y acto seguido se hizo pipí en el piso. La volví a sacar, y en esta segunda salida la perra estaba mas tranquila, pero siguió sin hacer sus cosas... así que tras subirla a casa y tras emitir algunos gemidos... ¡se volvió a orinar! tras reprenderla con firmeza, otra vez a la calle. Esta vez si hizo caca, así que la felicité y la acaricie con efusividad, que ella agradeció moviendo el rabo y rozandose conmigo.
En las primeras salidas me ayude con un bastón, para corregir el sentido de su marcha y evitar que tirara. He notado que estos perros son increíblemente duros. Cuando se emplea el bastón, generalmente otros perros se sobresaltan al tocarlos con el mismo, pero Lola no. Tras darle un toque particularmente enérgico con el bastón (ojo, que yo no la maltrato, solo lo uso como un señal de atención) Doña Lola alzo la cabeza y me miro fijamente, el tipo de mirada que dirige Bud Spencer tras recibir un botellazo en la cabeza y antes de soltar un guantazo a su agresor. Me hizo mucha gracia. He de decir que Lola tiene una expresión debido la particular construcción de su cráneo, que es una mezcla de estoicismo y flema, lo cual me recuerda enormemente a esos mayordomos que salen en las películas de intriga y misterio, con una pizca de luchador de Sumo, debido a sus pequeños ojuelos triangulares. Tras dar un paseo y visitar a mi amigo Miguel Ángel, volví a casa y saque por ultima vez a Lola. Esta vez solo orinó y regresamos a casa.
La perrita me ha elegido como su hermanito, así que siempre esta donde estoy yo. En previsión de posibles destrozos si la dejara sola, puse una manta en mi dormitorio y otra en el salón. Lola eligió la de mi dormitorio, como era de pre veer, se tumbó, emitió un profundo suspiro de satisfacción y nos pusimos a dormir. La noche fue movidita, pues Lola empezó a regurgitar comida una y otra vez. Observe que siempre era lo mismo lo que devolvía, y decidí dejar de darle hueso de jamón como pasatiempo y como juguete, ya que al parecer, no asimila demasiado bien los cartílagos y la piel. Imagino que esto es debido a que su dieta siempre ha sido pienso y que al introducir un elemento nuevo en su dieta, su organismo no lo ha tolerado demasiado bien. Además, se hizo caca y pipí en la casa, con lo cual, pase mas tiempo pendiente de la Doña que durmiendo. Es normal que cuando un animal cambia de aires y de dieta, no este acostumbrado a una nueva rutina, por lo tanto confió que se adapte pronto a su nueva vida. Tengo que aclarar que Lola se ha pasado mucho tiempo sin apenas salir a la calle, pues antes que yo, fue adoptada por una persona que no se preocupaba de la perrita en absoluto. En dos semanas solo la saco a la calle ¡dos veces! y la pobre se ha acostumbrado a hacer sus cosas en el mismo sitio donde vive.
Al parecer ya ha elegido el sitio donde va a hacer sus necesidades. Es un parquecillo acotado, donde la puedo dejar suelta (cuando no hay niños ni gente que se pueda asustar por supuesto) Cuando hace caca, la recojo con una bolsa y luego juego un poquito con ella (con Lola, no con la caca :D).
¡Mañana mas!